miércoles, 26 de mayo de 2010

Alas de algodón

Entre algodones me tienes, me has hecho un pequeño nidito, a tu lado, y me cuidas, me proteges. Poco a poco vas poniendo alguna tirita en mis alitas... que muy despacio se abren y empiezan a moverse... Sonrío, a veces sin saber por qué... y otras veces lloro... la mayoría, de alegría, al ver que no estoy sola, que me cuidas, que me das mi pequeña dosis de medicina (un beso en la mejilla), me arropas al dormir, y esperas impaciente a que me despierte, abra los ojos, mueva las alitas y salga polvo de hada, de ese que dicen que te hace volar.
Y cuando voy andando sola por la calle, tan sólo necesito acariciar mi amuleto, mi corazón, que me acompaña a todas partes donde voy, me tranquiliza porque está reposado, y me tranquiliza porque lo has ido curando, poquito a poco, y lo has ido mimando, impidiendo que se rompa en 1000 pedazos.
Y llego a mi casa al salir de trabajar, o de ir a clase, y mientras he cruzado el puente, mirando el agua del río y el verdor del césped, me ha parecido que me seguías, y me ibas animando a levantar un pie, luego otro, impidendo que tropiece con una raya de lápiz (como hacía de pequeña), parando el viento que sopla y me impide caminar...
Tan sólo me queda decir que gracias Sr. tiempo, a ti te dedico mis palabras de hoy por haberme hecho este regalo tan grande, mi gente, mis amigos, mi familia, y en especial tú... Pasa deprisa cuando me ponga triste, por favor, y pasa muy despacito cuando me veas sonreír y veas que mis ojos brillan. Y gracias, cielo, por dejarme ver el sol que tapaste un día nublado.
Entre algodones me tienes...

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