jueves, 27 de mayo de 2010

Alas de piedra pómez

Quitándome los zapatos esta mañana me he dado cuenta de que mis talones empiezan a tener duricias; no son talones como los que tenía antaño, cuando tan sólo era una niña y jugaba con mis muñecas, las peinaba, les hacía vestidos preciosos con telas que me regalaba mi abuela, cortándolas, y cosiéndolas en su vieja máquina...
Hoy son talones de lo que empieza a ser una mujer, se nota que a pesar de tener 22 años, he recorrido un pequeño sendero lleno de alegrías, tristezas, cambios, amigos, no amigos (nunca me ha gustado la palabra enemigo), amores y desamores, ilusiones y desilusiones, esperanzas que nunca desaparecen, pero sobretodo, muchísima experiencia.
Hoy sigo siendo una niña, pero una niña que crece, sigo teniendo alguna que otra ilusión de niña, y aún me gusta juguetear con cosas de niña, reírme de cosas de niña, jugar con los juguetes de mi infancia, llenar mi cama de peluches, peinar a mis muñecas y vestirlas... Pero también empiezo a ser una mujer, y me doy cuenta de que a lo largo de este camino he sido muy feliz, todas mis tristezas y desilusiones se han borrado, convirtiéndose en un apoyo más, un escalón más que he superado, que me ha ayudado a aprender, y que me ha ayudado a ver mi propia vida de otra manera, que ha hecho que mis alas crezcan, mi corazón se haga aún más grande, y mis ojos se abran más aún, mirando, muy atentamente, y observando todo cuanto me rodea para seguir aprendiendo.
Mi mente lúcida y mi corazoncito me han susurrado al oído: "Patri, tu vida, la vives tú, nadie puede vivir por ti, nadie puede decidir por ti, sólo sigue caminando, y sigue labrando con tantísimo esmero tu futuro, porque en 22 años has conseguido muchísimas cosas, y en los años que te quedan vas a conseguir muchísimas más". Voy a seguir viviendo, es mi vida, voy a desplegar mis alas, voy a volar lejos, y muy alto, lo más alto que pueda... pero sola no quiero estar, necesito de vosotros, de los que nunca me habéis fallado, de los que siempre habéis tenido una palabra amable y bonita para mi, de los que siempre me habéis ayudado a levantar cuando he caído, de los que habéis sembrado las semillas que yo estoy recogiendo... quiero llevaros de mi mano y quiero compartir todas mis alegrías y mis éxitos con vosotros, porque en parte, también son vuestros.
He decidido coger la piedra pómez y limar estas asperezas, poner un poco de crema con mis manos, y dejarlos suaves otra vez, no quiero que se quiebren a mitad del camino, quiero llegar con vosotros hasta el final.

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