miércoles, 6 de octubre de 2010

Alas del cuerpo humano

Hoy, a mis 23 años recién cumplidos, me hicieron mi primera analítica de sangre... A algunos les dan pánico las agujas, yo antes me incluía entre ellas, pero hay cosas mucho más dolorosas o más importantes que un simple pinchazo, que duele menos que el picotazo de una avispa. Pensaba que me iba a marear y me iba a caer redonda en el suelo, pero ¡NO! otra vez me sorprendo a mí misma y a mis allegados con mi actitud de aprendizaje constante y de curiosidad. Me puse a mirar cómo se llenaban los tubitos de un líquido rojo, de un rojo precioso, que resultaba ser mi propia sangre, que iban a analizar para poder quitarme un quiste seboso en el párpado inferior del ojo derecho.
Cuando acabé el análisis me apreté en el pinchazo, pero debí apretar flojo porque ahora mismo tengo un moratón un poco grandecito... y también un pellizco que me hizo mi madre al ponerme una tirita para que no manchara la camisa blanca mientras trabajaba. Es gracioso, el cuerpo humano es un auténtico puzzle, un engranaje perfecto en que cada acción tiene su propia reacción. Síiiii, ya lo sé, es un principio mundialmente conocido y qué tonto es el que no lo sabe, pero seguro que nunca en la vida os habéis parado a pensar. Es maravillosa la naturaleza, es un milagro ver como todo tiene su por qué, como todo funciona en perfecta armonía.
Me doy un golpe, me sale un morado; me pellizcan, mi piel enrojece; me corto en el dedo y sale sangre, luego cicatriza; me corto el pelo y vuelve a crecer; tengo hambre, como, y mis tripas dejan de hacer ruido; tengo durezas en los pies y las limo con piedra pómez, les pongo crema y ¡magia! desaparecen.
Y esta máquina no sólo funciona con los aspectos físicos, es impresionante lo que la mente puede hacer, y cómo el cuerpo propio responde ante los estímulos que uno va recibiendo.
Estando triste, mi estómago estaba encogido, mi cuerpo no quería comida, me costaba respirar, no podía dormir, tenía una gran herida y tenía que cicatrizar de algún modo, mi cuerpo lo sabía, mi mente lo consiguió, con ayuda de unos y de otros.
Le pasa algo feo a alguna persona allegada, parece como si una fuerza extraña me empujara a moverme, evitase mi cansancio, todo para conseguir que esa persona esté bien. Me siento fuerte como una montaña, y sería capaz de arrastrar la piedra más pesada del mundo si eso hiciese que esa persona estuviese mejor.
Soy feliz, parece que en mi cabeza haya música todo el día, mis pies se mueven solos, mis manos también, me despierto cada día con alegría, con ganas de comerme el mundo.
Llega alguien, mi barrigua está inquieta, parece que haya 10.000 mariposas revoloteando y estén estallando burbujitas en mi pecho, fuegos artificiales en mi cabeza, hormigas en mis pies. Me da un beso... y esas sensaciones se multiplican por 1.000. Mis labios no dejan de estar arqueados en forma de C, no paro de reír, mis ojos brillan.
Voy a cenar con mis amigas, otra vez mariposas (ahora menos), mi vista agudiza y busca con esmero alguna prenda de vestir que combine para la ocasión. Mi sonrisa no se borra de mi rostro.
¡Qué sabio es el cuerpo humano, que sabe expresar todas y cada una de las emociones! ¡Cómo me gusta este puzzle! ¡Cómo quiero cuidar este engranaje para que nunca se estropee!

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